Con frecuencia se escucha que la inversión en bolsa a largo plazo siempre es rentable.
De hecho, si se observa un gráfico de largo plazo de cualquier índice bursátil
se observa como en la mayoría de los casos se encuentran en niveles superiores
a, por ejemplo, hace 10 años. Pero no es así siempre. El ejemplo más cercano lo
tenemos en el Nikkei japonés, que actualmente se encuentra en torno a 10.500 puntos
cuando en 1990 rondaba los 39.000, es decir, doce años después está un 73% por
debajo.
A lo largo de la historia se han atravesado largas fases en las que los mercados
han permanecido estancados, incapaces de superar sus anteriores máximos. Podemos
citar dos ejemplos de ello en el caso del Dow Jones, por ser este uno de los índices
más antiguos y más seguidos por la comunidad bursátil:
1) Considerando datos mensuales, en agosto de 1929 el Dow Jones cerró en 380 puntos.
En octubre de ese mismo año se produjo el consabido crack y después la Gran Depresión.
En noviembre de 1954 el Dow cerró en 386 puntos. Supone ello que si un inversor
hubiera comprado el índice en agosto del 29 hubiera tardado 25 años en recuperar
su inversión.
2) Del mismo modo, en enero de 1966 el Dow cerró en 983 puntos y hasta octubre
de 1982 no logró superar ese nivel, lo que supone 16 años de espera.
Vemos, pues, que cuando se dice que la inversión en bolsa a largo plazo es rentable
falta precisar un par de detalles. El primero es ¿cuán largo debe ser el plazo?,
que a su vez depende del segundo, que es ¿en qué momento bursátil?.
Con respecto a lo primero, podemos hablar de 3, 5, 10 años, o incluso más. Naturalmente,
cuanto más ampliemos el horizonte la historia demuestra que las posibilidades
de ganancia son mayores, pero ¿alguien invierte a 15 ó 20 años? La respuesta es
que sí, pero no la mayoría de participantes en las bolsas. Considerando un horizonte
de inversión de 10 años y volviendo al ejemplo del Dow Jones, vemos como desde
1914 hasta la actualidad, la rentabilidad media obtenida habría sido de un 7,11%
anual, es decir, que casi se duplicaría el capital.
No obstante, también hay que decir que siguiendo la citada estrategia, en un 25%
de las veces la rentabilidad anual obtenida habría sido de un 1,5% o menos, que
la mitad de las veces habríamos obtenido hasta un 6% y que sólo un 25% de las
veces habríamos ganado un 10,5% o más.
Con relación a la segunda cuestión planteada, el momento de inversión en bolsa,
es obvio que no es lo mismo entrar en un mercado cuando se encuentra en niveles
máximos que hacerlo después de una fuerte corrección.
Por reforzar esta idea, entrando en el Dow Jones en el peor momento posible habido
desde 1914 hasta hoy -en los máximos de agosto de 1929- y habiendo mantenido nuestra
inversión 10 años, habríamos llegado a perder un 64% de su valor, mientras que
habiéndolo hecho en el mejor momento posible -en los mínimos de junio de 1989-,
hubiéramos ganado un 350%.
Todo ello nos lleva a recordar las fases que se dan dentro de una tendencia principal
de un mercado:
Fase de acumulación: Se caracteriza por el predominio de noticias negativas
tanto económicas como financieras, un pesimismo generalizado, la ausencia de inversores
minoristas e incluso momentos de fuerte presión vendedora a cualquier precio.
Este es el momento en el que se salen los pequeños inversores y entran los grandes
en el mercado.
Fase de participación: Esta fase se caracteriza por un avance de los precios
y un volumen que va creciendo a medida que la bolsa comienza a recuperarse. Las
noticias sobre la economía mejoran y la afluencia de inversores al mercado es
cada vez mayor.
Fase especulativa: Es el momento en que todo el mundo piensa que las subidas
no van a tener fin, todas las noticias son muy positivas, los beneficios de las
empresas baten récords y el avance de las cotizaciones parece imparable.
Fase de distribución: En esta fase los precios siguen subiendo, pero con
menos fuerza que en la anterior. Es el momento en el que los grandes inversores
salen del mercado vendiendo sus participaciones a unos pequeños inversores ávidos
de comprarlo todo. Es un proceso en el que con cautela y poco a poco, el papel
va pasando de las manos fuertes a las manos débiles del mercado.
Fase bajista: Esta fase llega cuando todos los pequeños inversores que
querían participar en el mercado ya lo han hecho y no queda prácticamente nadie
que quiera comprar, pues los grandes inversores ya se han desprendido de sus participaciones.
Los precios ya no pueden seguir subiendo porque falta dinero, entonces comienzan
las ventas, que a su vez alimentan nuevas ventas a medida que los precios comienzan
a caer. Son frecuentes, incluso, los momentos de pánico vendedor, lo que acelera
las caídas. Entonces se llega a un punto en el que los precios son tan bajos que
lentamente se vuelve al principio... a la fase de acumulación.