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Mensaje votado. Responder al mensaje Voto positivo Escrito por: [Desconocido] (6:51, 6/Feb 2006)

LA AMENAZA DEL PETRÓLEO.....

Otro fantasma recorre el mundo: la amenaza de un nuevo choque petrolífero .Por Carlos Sánchez

Mientras este país anda enfrascado en el Estatut -la mayor aportación patria a la teoría del Estado moderno desde los tiempos de Montesquieu-, otro fantasma vuelve a recorrer el mundo: el de un hipotético embargo petrolífero. El primer fantasma -el del comunismo- presentó sus cartas credenciales en tiempos de Carlos Marx, y fue acosado por el Papa, el Zar, Metternich y Guizot. También por los radicales franceses y los polizontes alemanes, como subrayó el pensador alemán al comienzo de su célebre opúsculo. El fantasma sucumbió y es mejor no tocarlo. Con sus luces y con sus sombras.

Este nuevo fantasma es muy distinto y, desde luego, más viscoso. Sus acosadores son ahora los países consumidores de petróleo, que andan moviendo sus fichas en un extraño tablero en el que las piezas se mueven sin reglas fijas. Algo que hace verdaderamente difícil entender el juego. Los enemigos de hoy son los socios de antaño. Y hasta algunos compañeros de viaje llevan dentro de sus tripas, como las matriuskas rusas, la semilla del diablo.

Si no recuerdo mal, se había invadido Iraq con un doble objetivo: echar a un dictador y apaciguar una región en llamas desde mucho antes de que en 1948 se proclamara el Estado de Israel. Lo primero se ha cumplido, pagando por ello un altísimo precio que desde luego no justifica la conducta de EEUU y de sus aliados. Lo segundo, hoy por hoy, es una quimera. La región siempre ha sido un volcán, pero nunca como hasta ahora han coincidido al mismo tiempo viejos y nuevos conflictos: la victoria de Hamás, el mantenimiento de los territorios ocupados por Israel, el contencioso nuclear con Irán, la inestabilidad en las repúblicas de la antigua Unión Soviética, la necesidad de EEUU de acercar sus bases militares a China como una opción estratégica, y, por su supuesto Iraq, que sigue en el epicentro del terremoto. Sin olvidar Afganistán. El último ingrediente viene desde Dinamarca en forma de caricaturas.

Hay quien dice que este cóctel convenientemente agitado puede acabar en un tercer choque petrolífero, similar a los vividos en 1973-74 y 1979-80. Los más pesimistas, incluso, ven en el horizonte problemas de suministro, pero hoy por hoy, esta opción parece descartada. Entre otras cosas debido a que los países productores de la OPEP están hoy instalados en el cuerno de la abundancia. Y no parecen dispuestos a tirar por la borda tan jugosos beneficios, con los que Chávez financia, por ejemplo, sus aventuras latinoamericanas hasta convertirse en un líder regional. En 2005, los ingresos del cártel superaron ampliamente los 400.000 millones de dólares, y es muy posible que en 2006 se vayan a superar ampliamente los 520.000 millones de dólares, lo que significa que la OPEP ha recuperado en términos reales los niveles del año 1980. Estamos hablando de una cantidad de dinero que equivale a las dos terceras partes del PIB español.

Lo más paradójico para la economía mundial es, sin embargo, que esta inmensa transferencia de rentas apenas ha debilitado las economías de los países consumidores. Incluso naciones como Estados Unidos se benefician ampliamente de la ingente llegada de petrodólares procedente de los países de la OPEP. Por un lado, la entrada de dinero fresco ayuda a flexionar a la baja los tipos de interés y, por otro, permite financiar su gigantesco déficit exterior. Por si esto fuera poco, la industria petrolera de EEUU vive momentos de esplendor, lo que sin duda alivia a un texano llamado George W. Bush. Todos contentos, menos los consumidores.

Esta constatación es lo que hace pensar que las actuales tensiones no están vinculadas directamente a un problema de precios, sino más bien de aprovisionamiento, y aquí es donde entran a operar los aspectos geoestratégicos del problema. Los precios altos permiten mantener la estabilidad de un país clave en la región para los Estados Unidos: Arabia Saudí, amenazado por un integrismo todavía más radical que el de Riad. Como ha señalado el profesor Mariano Marzo, estamos ante un negocio en el que los propietarios de los yacimientos son los estados, no las compañías privadas, algo que no sucede en otros mercados de materias primas. Esta estatalización del problema es lo que esconde la inestabilidad política de la región, toda vez que las decisiones de los gobiernos son determinantes a la hora de establecer nuevos oleoductos o hacer nuevas concesiones.

La batalla es feroz. Parece evidente que no hay alternativas reales al crudo y sus derivados si lo que se quiere es mantener los actuales niveles de renta. Es verdaderamente curioso que en plena revolución tecnológica, los países desarrollados sigan siendo adictos al petróleo, como ha reconocido el presidente estadounidense, quien ha reclamado mayor atención a los problemas energéticos. Él se lo pierde, es mucho más importante seguir hablando del Estatut.


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