He encontrado un interesante artículo de
del Sr. Alberto Recarte en www.libertaddigital.com, sección de economía que os recomiendo leer. Es algo extenso pero merece la pena. Os pego el principio:
Greenspan provoca un nuevo ciclo
Por Alberto Recarte
Los artículos sobre el fin de la expansión de la economía norteamericana se suceden sin solución de continuidad en la prensa especializada. La mayoría de ellos trata de identificar un indicador, o una serie de indicadores, para certificar que, efectivamente, el cambio de tendencia cíclica se ha producido y que esos datos --que todavía no aparecen nítidamente en las estadísticas de producción-- son los que han hecho que Greenspan modificara drásticamente la política monetaria, bajando medio punto los tipos de interés y dejando que se filtre que está dispuesto a seguir bajándolos en un futuro próximo.
Los principales indicadores
Entre esos indicadores significativos, desde mi punto de vista, destacan los resultados de las empresas que cotizan en Bolsa, los que miden el endeudamiento familiar, el
IPC --que registra una subida de los precios hasta el 3,4% en 2000-- y el descenso del desempleo hasta el 3,8%, de la población activa. Una población activa, recuérdese, que no ha dejado de crecer estos años, tanto por inmigración como por el empleo masivo de los mayores de 16 años. En Estados Unidos son activos --es decir, buscan trabajo-- 75 personas de cada 100 en edad de hacerlo, frente a tasas de entre 55 y 65 en Europa. Claramente, la economía norteamericana no puede seguir creciendo incorporando nueva mano de obra. La prensa norteamericana ha recordado, en este sentido, que durante los ocho años de Clinton se han creado 22 millones de puestos de trabajo. (Esos 22 millones de nuevos empleos palidecen --dicho sea de paso-- frente a más de 3 millones que se han creado en España en apenas cinco años). El único camino para que aumente el PIB en Estados Unidos es que crezca la productividad de los ya empleados.
La subida de las Bolsas
Los índices de las Bolsas norteamericanas han registrado una tremenda subida de las cotizaciones y los PER a partir de 1996 y, sobre todo, de 1998. Ese crecimiento fue posible gracias, en gran parte, al beneplácito y la complacencia de Greenspan, que sostenía --como se pone de manifiesto en su hagiografía Maestro, del periodista
Bob Woodward, recientemente publicada--, que en la economía norteamericana había tenido lugar --estaba ocurriendo-- una revolución tecnológica que permitía un enorme crecimiento de la productividad, lo que se traducía, a su vez, en crecimiento del PIB sin tensiones inflacionistas. Motivo por el cual la política monetaria podía ser acomodaticia. Aunque una consecuencia lateral fuera el aumento de las cotizaciones de los valores que se intercambiaban en las Bolsas y el crecimiento de los PER, de un entorno de 10 a 15 a otro de 25 a 30, sin que esa subida tuviera la consideración de “burbuja especulativa”, aunque el propio Greenspan hablara, en un momento determinado, de “exuberancia irracional”.